Exceso de prendas y diamantes empobrece el joyero de la pollera panameña



sábado 10 de noviembre de 2018 – 5:00 p.m.

Ahora, esta práctica pretende ser erradicada mediante la docencia de investigadores alarmados por el daño a la identidad nacional

Prendas de exagerado tamaño, decoraciones extravagantes e incrustaciones de diamantes en las cadenas y accesorios que componen el joyero de oro de la pollera, traje nacional de Panamá, son las variantes “modernas” que han deteriorado el lujo de un hermoso vestido apreciado mundialmente.

Ahora, esta práctica pretende ser erradicada mediante la docencia de investigadores alarmados por el daño a la identidad nacional, y es que cada día los escándalos y quejas contra mujeres mal empolleradas que no son asesoradas, molestan a una población que defiende una de sus más bellos emblemas culturales.

“Las personas son conscientes que hay que mantener la esencia y límites tradicionales del vestido, siempre hay flexibilidad, pero últimamente se abusa de la cantidad, forma y tamaño de las prendas cuando se usa el atuendo”, advirtió a Efe Violeta Schreiber, una folclorista que dedica parte de su vida a investigar este arte.

La experta, que publicó el libro “Joyero del vestido típico más hermoso del mundo: Mi Pollera y Camisilla”, declaró que los orígenes se centran en la moda de Inglaterra, España y Francia siglos atrás, pero la vistosidad y creaciones han cambiado con el tiempo.

Ella siempre recomienda tener en cuenta primero la clase de pollera para usar correctamente las joyas, como la de “gala”, confeccionada en distintas técnicas de talco, punto de cruz, zurcido y calado; o la “montuna santeña”, que es menos elaborada con faldas de cristales brillantes usada para la faena.

Esto para demarcar la cantidad de piezas que se usará, en el primer caso se puede usar siete o más cadenas en el pecho, así como otras en la cabeza y cuello; sin embargo, en la montuna, solo se debe usar tres collares.

Schreiber, que es juez adscrita al Concurso Nacional de la Pollera, mencionó que se conocen hasta 17 collares que se puede colocar, entre ellos el Cabestrillo, Rosario, Escapulario, Salomónica, Media Naranja, Cola de Pato, Abaniquera, Dijes, Sígueme y Espejo, mientras solo hay cuatro que se crearon en Panamá, como la Bruja, Chata, Guachapalí y la Solitaria.

“Es importante no sólo conocer el vestido, sino todo lo que involucra el proceso de arreglarse como panameña, de esta manera ponerse cada alhaja, peineta, pulsera y broche tiene su significado, además esto ayuda a que no se cometan errores”, agregó la investigadora, que a su vez se dedica a la odontología.

En su obra también describe el resto del joyero, como las prendas que van en la cabeza (peinetón, tembleques, pajuelas, jazmines); cuello (zarcillos y tapahueso); y complementarias (anillos, brazaletes, tostada, hebilla, botonadura, entre otros).

Aseguró que, décadas atrás, las personas que tenían un gran poder adquisitivo mandaban a confeccionar prendas que veían en el extranjero, y los orfebres las hacían con variaciones, dando su toque personal, hoy día se confeccionan en oro, plata bañada en oro, y en los casos más económicos de fantasía.

Afirmó que cada joyero puede valorarse de 8.000 a 50.000 dólares, aunque hay ocasiones que una sola cadena puede costar 20.000 dólares. A parte, hay que contar el traje completo que se le puede acompañar con paños o rebozos, abanicos, pañuelos y monederos, llegando a exorbitantes sumas de dinero.

La folclorista destacó la labor de los orfebres que se han resistido a la presión de sus clientes, que los incitan a crear prendas no tradicionales.

“Estos artesanos siempre recomiendan qué es lo correcto, pero hay personas que insisten que quieren prendas más grandes y más adornos, lo que hace es deformar, además algunos se dejan llevar por lo que ven en Internet”, lamentó.

Sostuvo que se acepta que combinen las joyas con perlas, piedras preciosas (rubí, esmeralda y zafiro azul), piedras semipreciosas (ágata, ámbar, aguamarina, topacio o turquesa), pero “nunca diamantes ni brillantes”.

“El mayor legado es que vestir correctamente una pollera es un tema familiar, se debe inculcar los valores de la tradición para que vayan amándola, porque si se trasmite bien, los conocimientos se convierten en la cosa más hermosa de cada panameño”, enfatizó Schreiber.



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